Me inspira profundamente la naturaleza que me rodea y las historias que escuchamos y heredamos a través del tiempo.

En mis obras, no pinto lo que veo, sino lo que percibo: los vínculos invisibles que conectan a todos los seres vivos.

La dualidad de la vida y la muerte

Mi pintura celebra la vida, reflexiona sobre la muerte y el espacio que existe entre ambas. En cada obra busco capturar ese momento de transición, ese instante en el que algo termina para dar paso a lo nuevo. Esta conexión con la muerte no es sombría, sino un recordatorio de la renovación constante, del renacimiento que nos permite seguir adelante.